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Foto tomada de: Archivo particular
Denunció y no recibió protección
Porfirio
Jaramillo Bogallo
† 01.28.2017

Porfirio Jaramillo había denunciado tres veces que estaba amenazado. Sin embargo, nunca recibió protección de las instituciones del Estado. Reclamaba una finca de 33 hectáreas en la vereda Guacamayas de Turbo, Antioquia. El opositor en el proceso de restitución es Germán González.


    Tipo de liderazgo:

    Reclamante de tierras

    Tipo de comunidad:

    Comunidad campesina

    Organización a la que pertenecía:

    Consejo Comunitario La Larga Tumaradó

    Fase de la investigación:

    Investigación

Turbo, Antioquia



Desde 1996 el sueño de Porfirio Jaramillo era volver a su finca No hay como Dios, ubicada en la vereda Guacamayas del municipio de Turbo (Antioquia). La primera vez que le había tocado salir fue en 1996, año en el cual la casa Castaño expandió las tropas de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá hacia el Urabá antioqueño. Para ese momento los campesinos de varias zonas rurales de la región se desplazaron forzosamente. Se han documentado casos en los cuales los paramilitares compraron presionando a los dueños de las tierras a 60 mil pesos cada hectárea. 

El 24 de enero de 2015 se devolvió con su familia luego de casi 10 años de desplazamiento. Encontró que el predio tenía ganado. En la zona aseguran que los animales le pertenecían al empresario Germán González, a quien lo conocen en la región como "César Cura". De González dicen que era un sacerdote que oficiaba hace unos 10 años misas en la parroqia El Divino Niño de Chigorodó. A pesar de eso, Porfirio y su familia empezaron a sembrar maíz y construyeron un cambuche que con el paso de los días se convirtió en una pequeña casa de madera. 

La alegría de estar en su tierra le duró un poco más de un año a Porfirio. El 19 de julio de 2016 salió desplazado hacia Planeta Rica (Córdoba) tras una amenaza que, en la zona aseguran, le hicieron El Mantequillo y Manolo. De esas dos personas se dice que son "puntos", es decir, milicianos del paramilitarismo que informan a los armados de cualquier movimiento en la región. Porfirio no soportó el desplazamiento y regresó en octubre, pero ese mismo mes lo volvieron a amenazar. Huyó para intentar salvar su vida.

Todas las veces que amenazaron a Porfirio él interpuso las denuncias. "El Comité de Evaluación del Riesgo y Recomendación de Medidas y la Unidad Nacional de Protección (UNP) no respondían. Eso es un trámite muy largo, muy complicado y nunca le dieron nada”, cuenta su hija Sara Jaramillo que lo acompañaba a denunciar ante las autoridades. 

El desplazamiento fue insoportable para Porfirio. Volvió el 24 de diciembre del 2017 y le volvieron a amenazar. "Yo no me vuelvo a ir", le dijo a su familia. Porfirio no sólo se dedicaba a cuidar los animales y los cultivos de su finca, sino que en las reuniones que se hacían el la vereda Guacamayas impulsaba a que los otros campesinos instauraran las denuncias por el despojo de sus tierras. “Le decía a la gente que no había que quedarse callados, que había que hablar”, cuenta Sara.

La noche del 29 de enero del 2017 llegaron hasta la casa de Porfirio cuatro hombres de civil con machetes al cinto. Preguntaron por él y dijeron que eran funcionarios de la UNP. Aseguraron que tenían la orden de sacar de Porfirio de la vereda porque existían informaciones de que esa misma noche lo iban a asesinar. Lo subieron a una moto. Al otro día la familia lo encontró muerto con heridas de armas blancas. Con su vida le cobraron a Porfirio la determinación de estar en una tierra que Germán González reclama como propia. 

El 13 de febrero de 2017 la Policía capturó a Manuel Salvador Páez, señalándolo de ser uno de los autores materiales del asesinato de Porfirio. La captura se llevó a cabo en la finca El Trebol, un predio del empresario Ángel Adriano Palacios Pino que ha tenido que devolver tierras a algunos campesinos que fueron despojados. Páez se encuentra recluido en la cárcel El Reposo de Carepa (Antioquia).

Sara salió de su tierra atemorizada por la posibilidad de que algo le pase. Ella ahora tiene un esquema de seguridad y espera que un fallo le devuelva las 33 hectáreas por las cuales luchaba su padre. En medio de trámites ante la Unidad de Restitución de Tierras se percató con extrañez que el predio que su papá bautizó como "No hay como Dios" registra ante esa entidad como " El Consuelo".